Capítulo 51
El amanecer entró tímidamente por los grandes ventanales del departamento de Magnus, iluminando el piso como una sábana de luz dorada. Era una mañana tranquila, silenciosa… hasta que dos pequeñas criaturas decidieron que ya era hora de arrastrar a su padre al mundo de los vivos. Anoche los niños y él se habían quedado en el departamento para poder tener un día con papá.
— ¡Papáaa! — la voz aguda y musical de Dahlia atravesó la puerta del dormitorio.
— Papá, despierta — agregó Mateo, con ese tono serio que parecía el de un adulto, pero acompañado de un empujoncito lleno de cariño.
Magnus, quien había tenido apenas unas horas de sueño después de pasar otro momento increíble con Roma, soltó un gruñido suave desde debajo de la almohada.
— ¿No sabes que los papás también duermen? —murmuró, apenas audible.
— Los papás no duermen. Al menos no cuando tienen hijos hambrientos — dijo Mateo, con una lógica implacable
— Es verdad, es por eso que existe la regla número uno —agregó Dah