—¿Abuelo? —pregunté, dudosa.
Mi voz apenas fue audible, por lo que volví a preguntarle, mirándolo directamente a su rostro. La tensión en su mandíbula era un mal presagio, lo que indicaba que no se sentía precisamente contento con la visita de su abuelo.
Un mal presentimiento se instaló en lo bajo de mi pecho. Quizás fuera a causa de Donovan, quien había mostrado su clara incomodidad. O quizás fuera mi propio instinto. No había que ser muy inteligente como para pensar que había algo peligroso e