—No, no, no, no —cayó en mis brazos, justo antes de que su peso nos llevara a ambos al piso—. Vamos Donovan, tú puedes.
No se movía. Estaba inconsciente y solo entonces noté que mis manos comenzaban a mancharse de sangre, solo por el tacto. Me aferré a su cuerpo que poco a poco perdía la calidez, mientras comenzaba a sentir la desesperación nublando mi mente. Mis pensamientos corrían a grandes velocidades, mi corazón palpitaba con rapidez y mi respiración se aceleró.
Justo entonces la oscuridad de la habitación se disipó. Estaba tan acostumbrada a ver con la magia, que ya no notaba la diferencia.
Sin embargo, ver toda la sangre que Donovan derramaba me hizo darme cuenta de la realidad.
Era mi culpa que estuviera herido.
Si solo hubiera matado a Dominik con la primera flecha que lancé, nada de esto estaría pasando.
—Te dije que lo mataría —se rio con dolor.
Una flecha en el hombro, una en el pie, una en su rodilla, su frente chorreando sangre y la última flecha que lancé cayó directame