Supe que estaba perdida en ese momento. Porque estar con él siempre se sentía tan correcto, que supe que era capaz de hacer cualquier cosa por él.
—Yo no sabía que querías huir —refuté.
—Nunca quise ser un rey —negó con la cabeza—. Nadie me preguntó si quería serlo.
—Creí que siempre hacías lo que querías. Tienes ese aire de libertad que a veces olvido que tú también estás lleno de responsabilidades.
Soltó una risotada amarga, mientras jugaba con una rosa entre sus manos. El ambiente era íntimo