—Estabas teniendo una pesadilla —dejó pequeños besos por toda mi cara.
Intentó tranquilizarme mostrándose en un estado calmado, sin embargo, pude ver que su respiración se encontraba tan acelerada como la mía. Él estaba angustiado y no necesité de nuestra conexión para confirmarlo.
—¿Una pesadilla? —repetí.
—Debió ser terrible si te dejó en este estado —murmuró, tomándome de las manos, evitando que me lastimara a mí misma como en aquel sueño.
Me tomó entre sus fuertes brazos y me acunó como si fuera un bebé. Escuché los latidos de su corazón, sentí sus manos acariciarme con suavidad, percibí su cálida respiración chocando contra mi mejilla.
Él estaba aquí.
Con vida.
Sentirlo era todo lo que necesitaba.
Poco a poco, mi mente comenzó a aceptar que sólo se trataba de un mal sueño. Y aunque quise salir corriendo a verificar el estado de mis hermanos, no podía hacerlo pues me encontraba en un sitio lejano.
Eleanna insistió en que nos recuperáramos en su territorio. ¿Manada, había dicho? Al