—Estabas teniendo una pesadilla —dejó pequeños besos por toda mi cara.
Intentó tranquilizarme mostrándose en un estado calmado, sin embargo, pude ver que su respiración se encontraba tan acelerada como la mía. Él estaba angustiado y no necesité de nuestra conexión para confirmarlo.
—¿Una pesadilla? —repetí.
—Debió ser terrible si te dejó en este estado —murmuró, tomándome de las manos, evitando que me lastimara a mí misma como en aquel sueño.
Me tomó entre sus fuertes brazos y me acunó como si