El taller estaba lleno de ruido: la sierra eléctrica cortando piedra, el martillo golpeando el cincel, las voces de los obreros mezclándose con el zumbido constante de las máquinas. El polvo de mármol flotaba en el aire como una neblina fina, pegándose a la piel y la ropa.
Noah trabajaba en silencio, moviendo las manos por pura rutina sobre una pieza que ni siquiera miraba. Tenía la barba sin arreglar, la camisa salpicada de yeso y el pantalón con manchas que no se iban ni con lavado. Nada que