Noah caminó hacia la salida con pasos lentos, el pasillo se sentía más largo y opresivo de lo normal. No sabía si era cansancio, dolor o las dos cosas juntas.
Cada paso era un esfuerzo sobrehumano. Sus hombros se sentían caídos, la camisa le picaba. El peso de la conversación lo había destrozado por completo.
Se obligó a caminar, a mantener la cabeza en alto, a proyectar la arrogancia que siempre lo había definido. Pero la mentira se le atascaba en la garganta.
Se detuvo un segundo frente al