Valeria revisó el informe, sus ojos pasaban sobre los números que mostraban un progreso impecable. La reinauguración estaba a unos días, y todo estaba saliendo tal como lo había planeado.
Los ejecutivos la felicitaron una y otra vez, pero los aplausos y las sonrisas no lograban llenar el eco vacío en la sala de reuniones. Su mente, de nuevo, vagaba a la imagen de un rostro que no quería ver, pero que tampoco podía olvidar.
Más tarde, mientras supervisaba los detalles del pasillo principal de