La sala se fue llenando de murmullos mientras los equipos aguardaban su turno. En primera fila, Valeria alcanzó a ver a Angélica riendo junto a una de las gerentes. No era risa casual; era complicidad.
Y cuando sus ojos se cruzaron con los de Valeria, la sonrisa de su rival se volvió descarada, como si quisiera decirle sin palabras: “Tengo palanca. Ya gané.”
Cuando llamaron a Design Art. Altiva, Angélica se levantó con toda la seguridad del mundo. Sus gráficos eran impecables, su tono calculad