Cuando despertó, aún estaba en su regazo. Notó que él no la había soltado en ningún momento. Fue el sonido del timbre y el ligero movimiento de Noah lo que la sacó del sueño.
—¿Estas mejor? — preguntó él, observándola con atención, como si buscara cualquier rastro de la tormenta anterior.
—Sí… —respondió, incorporándose un poco y estirándose. —Al final resultaste útil… aunque sea como almohada.
Noah exhaló un suspiro leve, el alivio apenas disimulado en su sonrisa.
—Vaya… y yo que creía que lo