Llegaron al edificio. Al entrar en el departamento, él se disculpó con un gesto despreocupado.
—Es sencillo —dijo.
La sala tenía apenas un par de muebles, una mesa en el comedor y luz tenue filtrándose por las cortinas. En el cuarto, una cama amplia, una mesa de noche y un pequeño escritorio con una laptop.
Al cruzar la puerta, Valeria sintió el peso del encierro caerle encima. Era como si el aire se hubiera espesado. Dio un par de pasos, pero se detuvo, llevándose las manos al rostro.
—Esto es