Valeria se levantó de su regazo, acomodándose el vestido con manos temblorosas, intentando recomponer una dignidad que sentía hecha pedazos. Noah, aún sentado, la observó con una mezcla de satisfacción y desafío.
—Espera aquí —dijo él, poniéndose de pie y saliendo del cubículo privado.
En la barra, pidió la cuenta. El monto era alto, más de lo que habría esperado para un café y un par de copas de vino. Maldijo por lo bajo. Nunca había escatimado en gastos, pero algo en la ironía de esa situació