El Corazón de los Helechos parecía vibrar con cada palabra de Aeryn. En ese rincón del bosque, donde la realidad se doblaba sobre sí misma, el tiempo humano carecía de importancia; los minutos se estiraban como ámbar líquido. Sentados junto al arroyo que fluía hacia atrás, desafiando la gravedad con un murmullo cristalino, la atmósfera se sentía cargada de una intimidad casi sagrada.
Adrian mantenía una postura relajada, su cuaderno de "investigación" apoyado en las rodillas, simulando tomar