Instinto

El regreso a la ciudad fue como sumergirse en un tanque de nitrógeno líquido. El aire vibrante del Enclave, impregnado de magia y vida, fue sustituido por el olor a ozono, metal oxidado y el zumbido incesante de la red eléctrica. Adrian aparcó su coche frente a su edificio, sintiendo el peso de la piedra de Miri como un corazón auxiliar que le recordaba quién era realmente.

​No tuvo que esperar mucho. En cuanto entró en su departamento, la temperatura pareció descender varios grados. Las luces
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