En la sede subterránea de la Orden Helix, el silencio no era sinónimo de paz, sino de una eficiencia fría y eléctrica. Ubicada a trescientos metros bajo el asfalto de la ciudad, la base era un laberinto de hormigón, fibra óptica y acero quirúrgico. Allí, el tiempo no se medía por la posición del sol, sino por el parpadeo de los servidores y el flujo incesante de los datos que alimentaban la "Purga Solar".
Mara, la analista principal, estaba sentada frente a la consola de mando, su rostro ilum