El aire del Enclave se había vuelto denso, cargado de una electricidad estática que no provenía de ninguna tormenta, sino de la alineación de las esferas. Era la noche de la Luna de Sangre, un fenómeno que para la Orden Helix era una simple anomalía astronómica de refracción lumínica, pero que para los sobrenaturales era el momento en que el velo entre lo físico y lo espiritual se volvía tan delgado como el ala de una libélula.
Adrian caminaba junto a Aeryn por un sendero de raíces plateadas q