Kerem se apartó apenas lo suficiente para incorporarse, pero no se alejó de entre sus piernas.
Su respiración seguía agitada, caliente, golpeándole las mejillas mientras la miraba sin verla. Con movimientos lentos, comenzó a desabrochar los botones de su camisa, uno a uno, hasta que la tela cedió y cayó abierta sobre sus hombros.
Lena lo siguió con la mirada, como si no quisiera perderse ni un segundo de lo que él hacía. Cuando Kerem se despojó de la camisa por completo, dejando a la vista un to