Tres años después
Lena caminaba entre los surcos, con el cabello recogido y algunos mechones sueltos que el viento movía con suavidad. Su vestido blanco se ceñía al cuerpo, resaltando el vientre que crecía con el paso de las semanas. Tenía cuatro meses de embarazo y aun así no había querido dejar la organización de la vendimia en otras manos.
Era su primera vendimia completa al mando. Su equipo seguía sus indicaciones con respeto, aunque todos sabían que detrás de las miradas atentas estaba