El cielo estaba perfectamente estrellado y el camino hacia la mansión estaba vacío, mientras las luces del auto cortaban la oscuridad. Lena iba mirando por la ventana, en silencio, con los dedos entrelazados sobre sus piernas. Kerem conducía sin prisa, manteniendo una mano en el volante y la otra sobre su muslo.
De pronto se salió del camino y detuvo el auto junto al viñedo. El motor siguió encendido, el sonido bajo llenando el interior. Kerem echó el asiento hacia atrás, la miró con esos ojos