255. La Cirugía de la Reina de Agua
El amanecer encontró las ruinas jesuíticas sumidas en un silencio casi sagrado. La manada, nerviosa e inquieta, había formado un perímetro exterior, obedeciendo la última y extraña orden de su Alfa: nadie, bajo ninguna circunstancia, debía acercarse a la capilla principal. Adentro, el único sonido era el crepitar del fuego que habían encendido y el eco de respiraciones contenidas.
La seducción había terminado. Ahora comenzaba la cirugía.
Elio estaba tumbado sobre un altar de piedra fría, desnud