198. La Historia según el Monstruo
La cabaña se convirtió en un confesionario. El fuego de la chimenea era la única luz, proyectando sombras largas y danzantes que parecían actuar la historia que estaba a punto de ser contada. Florencio se apostó en un rincón, con el fusil a mano, no como una amenaza, sino como un recordatorio silencioso de quién tenía, en última instancia, el control físico. Selene arrastró una silla y se sentó frente a Elio, a una distancia íntima y peligrosa. Era la jueza. La fiscal. Y la heredera de la traged