199. La Sombra de un Padre
La atmósfera en la cabaña después del pacto era irrespirable. Era la calma tensa que se instala en una jaula cuando se mete a un segundo depredador. Selene, Florencio y Elio se movían en el espacio reducido como tres planetas atrapados en una órbita extraña y peligrosa, cada uno consciente de la gravedad de los otros, cada uno evitando la colisión.
Lo primero que hicieron fue un acto de una ironía brutal. Selene, con la mirada de acero de Florencio sobre ella, cortó las cuerdas que ataban a Eli