Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl tiempo se suspendió en la usina. El único sonido era el goteo de la sangre de ambos sobre el suelo de hormigón, un metrónomo marcando los segundos de una decisión imposible. Selene permanecía de pie frente a Elio, la daga de colmillo en alto, su brazo temblando, no por la debilidad, sino por el peso de la venganza.
Tenía al monstruo de sus pesadillas a su merced. Al arquitecto de su soledad. Al que, ella creía, había quema






