126. El Peso Muerto de la Traición
El viaje de regreso a la cabaña de Los Acantilados fue un purgatorio de silencio y olores. El aire dentro de la camioneta estaba viciado con el hedor metálico de la sangre seca, el sudor rancio de la batalla y el perfume dulzón y salado del miedo que emanaba de Mar. Selene iba con la cabeza apoyada en la ventana, el frío del cristal un alivio para la fiebre que sentía subir de nuevo. Cada sacudida del vehículo era un latigazo de dolor en su pierna herida. Había forzado demasiado su cuerpo, y ah