086. La Cita en el Parque de los Huesos y el Eco de los Toboganes Vacíos
La ciudad de Mar del Plata los recibió con la indiferencia de siempre al caer la tarde. Las luces de los edificios, los autos, la gente caminando por la costa… todo parecía pertenecer a un universo paralelo, uno donde no existían los monstruos que drenaban la vida ni los Alfas que susurraban en los sueños.
No se dirigieron directamente a Los Acantilados. Florencio detuvo la camioneta en una calle solitaria, a varios kilómetros del parque acuático.
—A partir de acá, a pie —dijo, la voz grave—.