070. La Bestia que me Susurra en Sueños
Lejos de la extraña paz que se había instalado en la cabaña, Mar D'Argenti vivía en un infierno de su propia creación. Había obedecido a Selene. Había vuelto a su escondite en las profundidades cercanas a la zona de Colinas Verdes. La navaja de Florencio, la que Selene le había ordenado robar, ahora estaba en posesión de la loba. Y Mar se sentía vacía, despojada de su último trofeo.
Estaba atrapada. Un peón en un juego de dos reinas. Selene le había dado órdenes: fingir, mentir, ser la carnada.