071. Mi Traidora, Nuestra Trampa
El amanecer llegó, pero no trajo luz. La sensación de un peligro inminente se había adherido a las paredes de la cabaña, una humedad fría que ni el fuego de la chimenea lograba disipar. Selene no había vuelto a dormir. Se había quedado sentada en la cama, envuelta en una manta, escuchando los sonidos del bosque, tratando de descifrar el mensaje que su instinto le estaba gritando. Era una sensación de exposición, como si el techo de la cabaña hubiera desaparecido de repente, dejándola desnuda baj