Mundo ficciónIniciar sesiónAron, el alfa más temido y poderoso de la región, lleva años cargando con un vacío que ni su fuerza ni su fama pueden llenar. Su manada prospera, su imperio, sus empresas dominan Canadá y Estados Unidos, y ninguna mujer ha logrado resistirse a su encanto… hasta que la única que importa aparece justo donde menos lo esperaba: trabajando de aseadora en una de sus empresas en Canadá. Leyla, que ha pasado años huyendo de un pasado oscuro, de su antigua manada debido a los abusos que sufrió siendo solo una niña, por fin había encontrado un pequeño refugio en la gran ciudad de Toronto, después de pasar tanto tiempo huyendo de los cambia formas. Ahora tiene un empleo estable, una rutina tranquila y la ilusión —quizá ingenua— de que los peligros habían quedado atrás. Todo eso se derrumba cuando conoce a su jefe, Aron Wolf, el millonario irresistible, el soltero más codiciado y… que también es un alfa, y ella su alma gemela. Aron la reconoce en un instante: Leyla es su compañera, la mujer por la que ha esperado toda su vida. El problema es que ella no tiene intención de aceptarlo. Para su raza, Leyla es demasiado humana, ya que sus genes son cambia formas y humanos, pero también es una mujer marcada por heridas que aún no cierran. Y para ella, Aron es demasiado… y todo al mismo tiempo: demasiado intenso, demasiado dominante, demasiado peligroso para un corazón que apenas está aprendiendo a latir sin miedo. Cuando fuerzas externas comienzan a acecharlos, viejos recuerdos resurgen y malas decisiones los empujan al borde del abismo. ¿Podrá el amor con ellos? ¿O la huida será nuevamente la única salida para Leyla? Una cosa es segura: Aron no la dejara ir, cueste lo que cueste.
Leer másLa cerradura del apartamento se movió con un clic seco, y luego la puerta principal se abrió de golpe, golpeando la pared. Leyla se tensó al instante. No necesitaba verlo para saber en qué estado venía; los pasos pesados, arrastrados, desordenados eran suficientes para que un escalofrío le recorriera la columna.
Suspiró, bajando la mirada a las hojas regadas por toda la mesa del comedor. Su laptop abierta seguía marcando la página del temario, aunque ya llevaba más de diez minutos leyendo sin realmente leer. El examen del día siguiente era importante, crucial para su futuro. Pero ninguna meta personal, ningún sueño, sobrevivía intacto en un hogar gobernado por un alfa iracundo como su padre.
Recogió las hojas con manos temblorosas, tratando de ponerlas en orden mientras escuchaba cómo él dejaba caer las llaves sobre la consola de la entrada. El sonido metálico rebotó en las paredes, demasiado fuerte, demasiado agresivo. Era como si todo en ese apartamento temblara ante él.
Leyla caminó hacia la cocina, encendiendo la estufa para recalentar la comida. Lo había estado esperando desde la hora del almuerzo. Pero él, como siempre, decidió presentarse casi a medianoche.
Solo estaba despierta por el examen. De lo contrario, hacía ya mucho que había dejado de esperarlo. El cansancio emocional había borrado hace años cualquier ilusión de tener un padre; lo único que quedaba era un reflejo condicionado de miedo y resignación.
—Aquí estás — gruñó una voz ronca detrás de ella.
Leyla se giró despacio.
Su padre llenaba el marco de la puerta del comedor, enorme, imponente, arrastrando el saco de vestir que casi se le caía de un hombro. La camisa blanca tenía varios botones abiertos, y no había rastro de su corbata. La imagen pulcra del alfa respetado por la sociedad brillaba por su ausencia. En su lugar estaba esa versión que Leyla conocía demasiado bien: el monstruo que escondía tras el whisky.
Incluso desde ahí ella podía percibir el olor del alcohol mezclado con un perfume barato, como si se hubiese estrellado contra una nube fétida de ambos.
—Llegas tarde —murmuró ella, con un hilo de voz, sabiendo que cualquier tono más firme sería interpretado como una insolencia.
Él no respondió. Caminó hacia ella, arrastrando los pies sobre la alfombra como si su propio cuerpo le pesara. Leyla retrocedió sin que se notara demasiado, intentando mantener la distancia. Nunca sabía cuál versión de él iba a enfrentar.
El alfa dejó caer el saco sobre una silla y se apoyó en el marco, mirándola con los ojos vidriosos.
—No tengo hambre. —Gruñó, evidentemente de mal humor.
Leyla tragó saliva.
—¿Comiste afuera? —preguntó, rogándose no sonar dolida. Se había esforzado en preparar un buen plato. Él siempre criticaba todo lo que ella hacía, pero esa noche… ella había querido creer que tal vez sería diferente.
—No. Y no voy a probar eso— Él arrugó la nariz con asco— No pienso morir de intoxicación alimentaria.
Las palabras fueron un latigazo directo al pecho.
Ojalá no doliera. Ojalá ya no doliera.
Pero dolía.
Leyla apretó los labios mientras respiraba profundamente. Primero para contener la rabia. Después para contener las lágrimas. Contar hasta diez era una técnica que había aprendido a pulso, esperanza tras esperanza rota.
—Como quieras —susurró, sirviéndose a sí misma para guardar el resto.
El olor a espagueti con salsa fresca llenaba todavía la cocina. Ella había seguido una receta nueva, se había ilusionado al ver que todo había quedado perfecto. Pero para su padre, nada que proviniera de ella merecía valoración alguna.
Ni siquiera su existencia.
Apenas colocó su plato sobre la mesa cuando él notó su laptop encendida y los cuadernos abiertos. Su mirada se afiló, transformándose en algo oscuro, agresivo, amenazante.
—¿Y esto qué es? —Pregunto, apretando sus manos en puños a sus costados.
Leyla sintió cómo el estómago se le apretaba. Aun así, intentó mantener la calma.
—Estoy estudiando. Mañana tengo examen y…
No terminó.
El alfa cruzó el espacio entre ellos en un latido. Sus manos la empujaron contra la pared, bloqueando cualquier vía de escape. La respiración de él cayó caliente y agria sobre su rostro. Y Leyla se preparó para el primer golpe.
—Creí que ya habíamos hablado de esto, Leyla.
Odiaba cómo decía su nombre. Como si fuera un insulto. Como si pronunciándolo recordara el motivo de su odio.
—Me falta muy poco para terminar —intentó explicar, con la voz quebrada—. No puedo dejar mis estudios.
Eso hizo que sus ojos se oscurecieran aún más.
—No puedes hacer lo que te dé la gana. ¿Me entiendes? ¡Maldita sea! —su mirada bajó por el cuerpo de ella, deteniéndose con desprecio en su ropa cómoda, una camiseta gris grande que usaba para dormir— Ni siquiera eres capaz de cocinar bien ¿y quieres estudiar?
Leyla sintió cómo el aire se le atoraba en la garganta.
—No entiendo por qué te molesta tanto…
— Porque escondes cosas. —Él señaló con el mentón la mesa—. Porque eres igual que tu madre. Siempre creyendo que podía desafiarme… Y aun así me dejó.
El golpe emocional la dejó temblando.
Su madre.
La mujer que nunca conoció, la figura convertida en fantasma, en excusa, en maldición, en arma. Su pobre madre había muerto durante el parto. Si asi era su trato hacia su propia hija…No podía esperar algo opuesto hacia la vida de su madre.
—No te estoy mintiendo… —susurró ella.
—Me mientes desde el día en que naciste. —Su voz era veneno puro—. Me arrebataste a la única mujer que quise. Y lo único que devolviste fue… —sus ojos recorrieron su rostro con desprecio— esto.
El mundo se redujo a esa frase.
«¿Amor?» Leyla dudaba incluso de eso.
A ese reproche repetido una y otra vez desde que tenía memoria.
“Tú me la quitaste.”
“Por tu culpa ella murió.”
“Eres una carga, una desgracia.”
Leyla parpadeó rápido, obligando a las lágrimas a no caer. Si lloraba, él disfrutaría viéndola romperse.
—¿Qué más has escondido? —insistió él, caminando hacia la mesa.
Leyla no respondió.
—¡Respóndeme! —rugió él.
Ella apretó los puños.
—No te estoy ocultando nada. Solo estoy estudiando. Es un examen importante y yo…
De nuevo, no terminó.
Él tomó la laptop de un tirón. Leyla dejó escapar un grito involuntario.
—¡No! Por favor, no la… — Ella intento intervenir
Pero él ya la había levantado y con un movimiento brutal la estrelló contra la pared. El aparato cayó al suelo en pedazos, la pantalla completamente destruida.
—¡¿Qué demonios te pasa?! —gritó ella, sin pensarlo, llevada por un impulso doloroso.
Enseguida entendió que había cometido un error.
La mirada que él le lanzó podría haberla desintegrado.
Antes de darse cuenta, un fuerte dolor se había extendido por la mejilla de Leila, casi podía escuchar el sonido de su mandíbula desencajarse. La fuerza de los cambia formas es diez veces superior a la de un humano común y corriente… Y eso jamás había detenido a su padre.
—“¿Qué me pasa?” —su voz salió baja, peligrosa—. Esa laptop te la di yo. Todo aquí lo compre “yo”. Este apartamento, la mesa, la comida, tu cama, todo.
Sus palabras se clavaban como cuchillas.
—Incluso tú —continuó él, avanzando— perteneces a esta casa porque “yo” lo decido.
Leyla retrocedió hasta tropezar con la pared.
El alfa golpeó la mesa de cristal con el puño. El vidrio estalló en mil piezas que cayeron al suelo con un estruendo que le perforó los oídos. Leyla se cubrió los brazos, temblando.
Los fragmentos de cristal brillaban a sus pies como hielo roto. Uno de ellos le había cortado la mano a su padre, pero él ni siquiera pestañeó ante la sangre.
—Siempre eres un problema —murmuró él, acercándose—. No fuiste más que un error desde el principio. Y aun así estás aquí, respirando, exigiendo, soñando como si tuvieras derecho a algo.
Leyla sintió la garganta cerrarse.
Quería correr.
Quería desaparecer.
Quería nunca haber nacido.
—Voy a salir —anunció el alfa, tomando las llaves del auto sin limpiarse la sangre—. Cuando vuelva, quiero todo esto recogido. ¿Me oíste?
Ella no respondió.
— ¿ME ESCUCHASTE, NIÑA?
—Sí —susurró con la voz rota.
Él salió dando un portazo, dejando tras de sí olor a alcohol, frustración y violencia.
Solo entonces Leyla se dejó caer. Su espalda resbaló por la pared hasta sentarse en el suelo, abrazando sus rodillas. Las lágrimas que había retenido durante horas finalmente explotaron en un llanto mudo, ahogado, desesperado.
Su corazón latía tan rápido que dolía.
“No fuiste más que un error desde el principio.”
Había escuchado variaciones de esa frase toda su vida. Pero esa noche, con los trozos de vidrio brillando en el suelo y los restos de su laptop —su herramienta para estudiar, para avanzar, para escapar algún día— destruida, le pesó más que nunca.
Se mantuvo en posición fetal durante largo rato, incapaz de moverse, con la respiración entrecortada.
Cuando finalmente logró levantarse, reunió los pedazos de la mesa con cuidado para no cortarse, recogió los restos del computador y ordenó como pudo.
El examen ya no importaba. Nada importaba.
Cuando terminó, caminó hasta su habitación, se dejó caer sobre la cama y lloró hasta que, agotada, el sueño la venció.
Su pesadilla apenas comenzaba.
—Por favor —Un gemido ahogado escapó de entre sus labios a medida que lentamente la consciencia la atraía de vuelta a la realidad, arrastrándola lejos del que debía ser que uno de los mejores sueños que alguna vez hubiese tenido“Estoy despierta, estoy despierta” fue lo primero que pensó mientras se incorporaba en la cama con la respiración agitada y su corazón latiendo acelerado en su pechoCreía haber olvidado apagar la luz pero sus ojos tardaron algo de tiempo en acostumbrarse a la oscuridad, la habitación apenas era iluminada por la pequeña luz de la Luna que entraba por una rendija de la cortina, intento enfocar sus ojos mientras salía del asombroso sueño que habia tenido, no sabia que la habia despertado y frunció el ceño al sentir un peso que estaba hundiendo el colchón a su ladoEl peso se movió y todo su cuerpo se tensó a medida que el miedo empezaba lentamente a abrirse paso en su interior, podía sentir un sudor frío corriendo por su espalda y en lugar de pegar la carrera s
Virginia soltó un gran bostezo para luego mirar a ambos lados para ver si alguien la habia visto bostezar sin la más mínima gracia pero no, se encontraba sola en la sala de estar, acaba de terminar de dibujar algunos bocetos de diseño para bolsos que se le habia ocurrido a lo largo de la tarde, ahora que ya no tenía mercancía disponible era buen momento para volver a coser, no podía decir que la idea no la emocionabaPero ahora estaba cansadaSonrió hacia la sala de estar, admirando su trabajo, las paredes eran beige y con cuadros de flores por los pasillos, algunas rosas y begonias estaban espaciadas por la terraza, así como algunos helechos que daban más vida al lugar, todo ello haciendo juego las cortinas que habia cosido y la nueva tapicería de los sofás y sillas, la tela era piel de durazno blanca con detalles en tonos dorados que combinaba a la perfección, a excepción de su favorito, uno con estampados en flores de color salmón, habían sido esos mínimos detalles hechos con todo
Virginia acababa de cruzar el vestíbulo, recién llegaba de haber pagado las cuentas, luego de la feria habia sido lo primero en su mente, estaba a punto de entrar al ascensor cuando de repente su teléfono empezó a sonar, después de un momento y ya dentro de privacidad en la caja de metal contesto la llamada— ¿Dónde estás?Era Maverick, y no sonaba nada felizSolo esperaba que no estuviera enterado de que estaba empezando a pagar las cuentas y que su enojo no se debería a eso, ya le habia sido que queria ser de ayuda mientras estuviera en Londres, sin embargo planea decírselo en persona muy pronto—En el ascensor. Llegando al apartamento…—Llegaré mañana, como a las 8 de la noche.Al instante una sonrisa curvos sus labios, no podía evitarlo, pronto estarían de nuevo juntos, lo había echado tanto de menos. Como una niña una noche antes de navidad, estaba segura de que no podría pegar el ojo en toda la noche después de esa noticia—Dime algo —Pidió él, su tono de voz más tranquiloElla
Dos semanas más tarde…—Es maravilloso, mi madre lo amara —Dijo sonriendo, una chica rubia, sus ojos brillantes mientras tomaba el bolso—Espero le guste —Virginia le ofreció una sonrisa al tiempo que guardaba el dinero de la compra en su monederoY esa habia sido su última venta por ese díaA su alrededor las personas se aglomeraban, no muy diferente a su estadía en el mercadillo de la ciudad, sin embargo esperaba que le feria artística fuera lo que necesitara para que sus bolsos y las cosas que confeccionaba llegaran a más personas, su corazón se inflaba de orgullo al ver las ventas que habia tenido en tan solo la mañanaHabia sido todo un reto converse a Thomas que estaría solo un par de horas fuera del apartamento, habia necesitado para ello también convencer a Maverick en el proceso antes de que se marchara al otro extremo del país por negocios, de otro modo estaba segura de que el guardaespaldas jamás hubiese dado su brazo a torcer Suspiró tomando asiento en un pequeño banco d
Último capítulo