Las luces cálidas del salón envolvían a los asistentes en una atmósfera íntima y expectante. Elena se encontraba de pie, al frente, vestida con un traje de satén rojo que abrazaba su cuerpo como una segunda piel. Su mirada recorría el pequeño círculo de lectores, críticos y editores reunidos para la lectura privada de su nueva novela.
—"Y cuando ella apretó la cuerda alrededor de su cuello, él no gimió, no pidió clemencia. Solo la miró con esa mezcla de rendición y adoración que tanto la excita