Los flashes estallaban como fuegos artificiales en el salón abarrotado de la librería más famosa de Madrid. Los rostros ansiosos formaban una fila que serpenteaba entre estanterías, todos esperando un momento con la mujer que, con cada palabra impresa, los hacía arder por dentro.
—Gracias, Elena. Tus libros me ayudaron a conocerme —dijo una joven con el rostro enrojecido mientras recibía su ejemplar firmado.
Elena sonrió, esa sonrisa elegante que parecía ensayada frente al espejo. Su manicura n