La noche había caído sobre la ciudad con una delicadeza casi solemne. El cielo, salpicado de estrellas tímidas que apenas lograban imponerse sobre las luces urbanas, parecía una manta que invitaba a los secretos. Isolde se encontraba frente al espejo de su habitación, contemplándose como si buscara respuestas en sus propios ojos. Había pasado días luchando contra la intensidad de lo que sentía por Dorian, tratando de convencerse de que aquello no era más que un espejismo, un reflejo de la inten