La habitación del hospital estaba sumida en un silencio casi opresivo. Dorian permanecía recostado, el vendaje en su costado le recordaba cada segundo que todavía no estaba listo para volver a la guerra, ni a los negocios turbios que giraban alrededor de su familia. Sin embargo, lo que más pesaba en su mente no era la herida, sino la traición. Octavio, su medio hermano, había vendido su secreto más grande a Richard. Y esa traición no se podía quedar impune.
Desde niño, Dorian había aprendido qu