CAPÍTULO 92: EL CORAZÓN DELATOR
Nikolai
Los días se convierten en semanas, y las semanas en un limbo donde todo huele a encierro. Estamos en un apartamento diminuto, en alguna ciudad olvidada de Georgia. El tipo que nos consiguió los documentos falsos lo hizo a última hora sin preguntar demasiado y eso fue parte del trato: dinero en mano, sin preguntas, sin nombres. El edificio es viejo, es un escondite patético, pero al menos es seguro.
Eden casi no habla, no me mira demasiado. Se levanta solo porque la niña llora, le da pecho en silencio, la arrulla como si esa pequeña criatura fuera lo único que la mantiene respirando. Tal vez lo sea. A veces me sorprendo mirándola por las noches, sentada frente a la ventana, abrazando una chaqueta que Dmitry dejó entre sus cosas. Se la pasa así, hundida en ese pedazo de tela como si pudiera hacer que venga con solo olerlo y cada vez que lo hace, algo se me quiebra por dentro.
Yo me ocupo de todo: la comida, la ropa, las llamadas clandestinas para