CAPÍTULO 42: EL SABOR DE LO PROHIBIDO
Dmitry
El pent-house ya no es el santuario frío y ordenado que solía ser. Desde que Eden llegó, algo en el aire cambió. Hay flores en la mesa, de esas que no sé cómo se llaman, pero que huelen demasiado bien como para ignorarlas. Hay velas encendidas en lugares innecesarios, y libros abiertos que nadie termina, pero que se quedan ahí, como si el espacio les perteneciera. El caos tiene su nombre, y sin embargo, no me molesta. Me resulta inquietante cuánto me