El evento continuaba con normalidad, pero la tensión en la mesa donde se encontraban Alanna, Leonardo, Enrique y Alexa era palpable. Las miradas entre ambas mujeres eran una batalla silenciosa, una guerra que solo ellas comprendían. Alexa, con una sonrisa encantadora pero llena de intenciones ocultas, tomó su copa de vino con aparente descuido.
—Oh, querida Alanna, qué descuidada soy —dijo con una dulzura falsa mientras inclinaba ligeramente su copa con la clara intención de derramar el vino so