El murmullo de la velada se mezclaba con el tintineo de copas y las risas superficiales de los empresarios y sus acompañantes. Pero entre Leonardo, Alanna y Alexa, el aire se sentía espeso, cargado de una tensión que iba más allá de lo evidente.
Alexa, con su elegancia estudiada y una sonrisa que destilaba autosuficiencia, dio un paso más cerca de Leonardo.
—Tienes la corbata un poco torcida —comentó con dulzura, levantando una mano con naturalidad para acomodarla.
Era un gesto pequeño, aparent