Mundo ficciónIniciar sesiónKatherine siempre fue “la chica gordita del instituto”, la que sobrevivía gracias a sus dos mejores amigas y a su capacidad para ignorar a quienes la acosaban. “Su vida miserable cambia, siempre la han dejado de lado por sus kilos de más” —pero ella nunca imaginó que la mayor decepción vendría del chico al que ayudó a aprobar matemáticas… y del que se enamoró sin querer. Diez años después, Catherine es una exitosa diseñadora de moda curvy, práctica, exitosa e independiente, que ha aprendido a quererse… y a no esperar nada de nadie. Ethan Brooks, estrella del equipo de fútbol americano, guapo a rabiar y con un futuro brillante es ahora una superestrella, en plena batalla por la custodia de su hijo. Ambos regresan al pueblo que los vio crecer sin saber que el destino está a punto de cruzarlos de nuevo. Cuando se reencuentran, las chispas saltan… y también las heridas. Él quiere enmendar errores del pasado. Ella no está dispuesta a volver a confiar tan fácilmente. Él quiere redención. Ella quiere paz. Pero el destino tiene otros planes…
Leer másTanto Ethan como la mujer que habita en la casa y parece pasar de él, llevan ya despiertos y en acción desde hace algo más de una hora. Decidieron ir al café de la madre de Ethan, que por cierto ya ha comentado en alguna que otra ocasión que ahora regenta el local su hermano, Aaron Brooks.Durante el trayecto le va explicando a la callada Katherine, que el zángano de su hermano no quiso estudiar después de terminar el instituto, que lo acogió un tiempo en su casa mientras decidía qué hacer con su vida y que no se esperaba que su hermano volviera tan pronto a la ciudad de su infancia.Al principio pensó que solo era un capricho y que pronto se cansaría de pegarse diariamente madrugones para servir cafés, pero Ethan estaba muy equivocado y en estos años el chico había conseguido aumentar las ganancias del negocio al triple, todo gracias a nuevas estrategias de marketing y de fidelización de los clientes. Tenía que admitir que a su hermanito se le daba bastante bien regentar y gestionar
KatherineSalgo huyendo en dirección a la puerta, intentando huir del momento incómodo que ha surgido entre los dos. Sinceramente no creo que a Ethan le importe o intimide tanto verme vestida así, cómoda, al fin y al cabo, yo no soy su tipo. Es una de las cosas que más claras me dejó en el pasado.—Sí ¿Quién es?Abro la puerta rápido, intentando huir de la situación que he dejado a mis espaldas.—Su pedido señorita —oh, es un chiquillo de apenas dieciséis años, no muy alto, pero bien parecido.Se ha quedado a falta de una sílaba para completar el -señorita-. No respira, apenas parpadea y su br
KatherineTal vez si me pellizco con ganas me despierte de esta monstruosa pesadilla. Es él, el maldito Ethan Brooks, el que una vez decidí olvidar y como un maldito demonio que lo conseguí. El mismo al que estoy acostumbrada a ver muy de vez en cuando en la televisión o en algún que otro programa de cotilleo hablando de su glamurosa vida o de si está saliendo con la modelo siliconada de turno.Cuando salí de ese edificio no encontraba un solo taxi disponible y que yo sepa no había línea de autobuses que parara ni remotamente cerca de mi casa y menos a estas horas. Con toda la poca dignidad que me quedaba a estas horas y lo destruida que estoy anímicamente, cogí mi maleta y pensé tan solo en llegar a casa.Ese estúpido idiota, tuvo que parar y casi como quien no quiere la cosa obligarme a subir al coche. ¿Quién se cree
EthanEsto es una lata de sardinas. ¿Cómo pretenden que pasemos todos aquí la noche?El señor Monroe, que todo sea dicho cada vez me cae peor… nos llevó a todos –después del shock–, a conocer su nuevo nidito de amor con mi madre. Para ponernos en contexto, ella ya no vive en el bloque de apartamentos donde nos criamos mi hermano y yo. Ahora mi hermano vive solo y mi madre se ha mudado a un piso enorme en el centro de la ciudad, que según ellos les viene mucho mejor para no tener que coger el coche.—Bueno, pues aquí es. Ya hemos llegado, este es nuestro hogar —exclama con orgullo el nuevo esposo de mi madre, mientras le pasa una mano por sus hombros con orgullo. Enarco una ceja al ver que tal vez para ellos es más que suficiente, pero dudo que todos podamos acomodarnos aquí.—¿Cuántas habitaciones tiene? —Katherine se me adelanta.Ese es otro tema, ... Katherine. Poco queda de la chica a la que conocí hace casi diez años. Sigue siendo en esencia ella, pero dios mío, cuando la vi entr
Último capítulo