Curvas, metas y un quarterback

Curvas, metas y un quarterbackES

Romance
Última actualización: 2026-03-24
Mara Portugués  Recién actualizado
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Resumen
Índice

Katherine siempre fue “la chica gordita del instituto”, la que sobrevivía gracias a sus dos mejores amigas y a su capacidad para ignorar a quienes la acosaban. “Su vida miserable cambia, siempre la han dejado de lado por sus kilos de más” —pero ella nunca imaginó que la mayor decepción vendría del chico al que ayudó a aprobar matemáticas… y del que se enamoró sin querer. Diez años después, Catherine es una exitosa diseñadora de moda curvy, práctica, exitosa e independiente, que ha aprendido a quererse… y a no esperar nada de nadie. Ethan Brooks, estrella del equipo de fútbol americano, guapo a rabiar y con un futuro brillante es ahora una superestrella, en plena batalla por la custodia de su hijo. Ambos regresan al pueblo que los vio crecer sin saber que el destino está a punto de cruzarlos de nuevo. Cuando se reencuentran, las chispas saltan… y también las heridas. Él quiere enmendar errores del pasado. Ella no está dispuesta a volver a confiar tan fácilmente. Él quiere redención. Ella quiere paz. Pero el destino tiene otros planes…

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Capítulo 1

Vestirse de valor

La música dejó de sonar y dio paso a la voz estridente del locutor de radio de moda en Huntsville, Texas. Nada del otro mundo, por lo visto aparte de que se acercaba una ola de calor, lo más reseñable es un tiroteo entre bandas rivales, que por desgraciaba había mandado al otro mundo a un pobre indigente. 

Katherine como cada mañana, se había despertado con una pereza infinita, le costaba horrores madrugar, pero ahí estaba ella tratando de ser la chica responsable que todos admiraban.  Hoy era un día especial y había decidido tomar una ducha mientras escuchaba la radio local y se enteraba un poco del orden del día en Huntsville. Anoche preparó con esmero la ropa que iba a ponerse hoy, como digo es un día especial y ella quería ir guapa, no con ropas anchas como hace siempre. Su madre siempre le decía que no tenía por qué esconder su cuerpo debajo de esos ropajes, que ella era bella y tenía que lucir con orgullo su cuerpo si así lo deseaba. Y Katherine lo deseaba, vaya que sí, pero a sus diecisiete años era un manojo de inseguridades que ella misma alentaba. Bueno, no sería justo decir que ella solita se autoinfligía dolor con el tamaño de su cuerpo.

Quién no ha tenido un familiar que en reuniones especiales te suelta eso de ‟estás más gorda”, o cuando entras a una tienda y ni te preguntan qué buscas, simplemente te dicen que no hay nada para ti allí. La madre de Kat estaba teniendo avances con la autoconfianza de su hija, pero eso fue hace tres años, antes de que todo se fuera al garete en las vidas de todos, en las pobres vidas de su amado esposo y su tierna hija.

Hoy sería el cumpleaños número cuarenta de su madre, sino hubiera sido porque perdió la vida hace tres en un maldito accidente de coche. Viajaba de regreso de su trabajo, era enfermera y salía de su turno de noche. Hoy será un día muy triste y negro para ella y su padre, aun recuerda que siempre por el cumpleaños de su madre, preparaban para desayunar tortitas de avena con nata y chocolate y le cantaban cumpleaños feliz a su madre.

Se le aguan los ojos a la pequeña recordando tan preciados momentos. Decide romper sus pensamientos mientras se seca el pelo. Para la cara algo sencillo, su tono de piel canela oscuro no sabe aún muy bien cómo sacarle partido y no entiende mucho de maquillaje, pero decide ponerse un poco de sombra de ojos marrón, muy discreta. Sus labios es otra cosa, no se atreve a pintarlos, son demasiado gruesos y sabe que siempre que los pinta, nota que la miran demasiado y no, tal vez hoy no es el día de sentirse incómoda por eso. Apenas se pone un poco de cacao y crema hidratante. 

No quería ir al instituto así vestida, pero sabía que después iría con su padre a visitar la tumba de su madre y tal vez después a comer algo por ahí, no podía ponerse tan solo unos vaqueros y una sudadera enorme, no, tenía que ir mucho más arreglada. Al final se decidió por unas medias negras bien tupidas, blusa verde botella y una bonita falda gris oscuro plisada por encima de las rodillas, que en lo personal a ella le encantaba, pero no se atrevió nunca a ponerse, ya era bastante con que fueran a verle las piernas, pero cuanto más se miraba delante del espejo, más gordo se veía el culo. Katherine resopló mientras posaba delante del espejo.

—¡Katherine! —su papá gritó—. Baja cariño, el desayuno está listo.

La boca se le hizo agua de repente y sus tripas rugieron. Como no cenó nada anoche, pues ahora tenía un hambre infinitas, pero debe comedirse y no pasarse desayunando, o sino todo habrá sido en vano. 

—Ya voy papá —Kat terminó recogiendo su pelo en una tremenda cola alta, y su pelo rizado oscuro la hacía destacar aun más si cabe.

Bajó por las escaleras como si un terremoto sacudiera todo, muy rápido y de un salto se dejó caer al último peldaño. Su padre la miró con reprobación, ya le había dicho miles de veces que al final se haría daño, pero la niña seguía con su rutina diaria como siempre.

—Vaya, hoy vas preciosa cariño.

—Gracias papá, había pensado que sería más apropiado para ir después a… ya sabes.

Su padre solo afirmó cerrando y abriendo los ojos mientras bebía de su café. A Katherine le pareció el mejor desayuno del mundo, estaba de muerte y su padre seguro le puso vainilla, sí, definitivamente ese sabor que la tenía adicta debía ser vainilla.

Paró de comer en seco a mitad de su tercera tortita, se acordó de que no debía pasarse mucho con los hidratos y soltó el cuchillo y el tenedor como si fueran brasas al rojo vivo aniquilando su piel.

—¿Pasa algo? —su padre pregunta curioso.

—No papá, es que ya es tarde y tenemos que salir al instituto. Hoy me dijiste que me acercarías tu, ¿te acuerdas?

—Sí cielo, me acuerdo perfectamente. ¡Vamos!

Kat tomó su mochila y una carpeta rosa llena de pegatinas con cosas que la hacían feliz, como por ejemplo la palabra ‟amor”, que se repetía varias veces y en varias tipografías. A ella siempre le pareció una de las palabras más bellas del mundo y daba igual el idioma, porque en todos era bella.

De camino al instituto su padre le iba hablando de lo que le esperaba hoy en el trabajo. El señor Monroe era el dueño absoluto de una gran empresa cárnica, no solo de la comarca, sino del estado de Texas. Su padre parloteaba que su próximo gran proyecto es abrir su propia cadena de supermercados donde dispensaría como no su carne de primera. No solo despiezaban y envasaban el producto final, sino que también pagaban a los granjeros del estado por las cabezas de ganado, pollos, cerdos y en definitiva todo lo relacionado con la carne.

—Cariño, no hemos hablado mucho últimamente de esto, pero ya sabes que te queda poco para terminar el instituto y debes tomar una decisión sobre la universidad a la que irás.

Lo sabía perfectamente, pero no entendía por qué su padre la atosigaba con ese tema si sabía que elegiría la misma universidad a la que él fue. Era su sueño, que su única hija siguiera sus pasos y estudiara finanzas, él quería dejarla bien colocada en este mundo y no solo ser una heredera, también quería que su hija se preparara bien para llevar su negocio, pero no quería obligarla tampoco.

—Papá ya estamos llegando al instituto, si te parece lo hablamos esta noche en casa.

—Bien, recuerda que hoy te recojo yo al salir de clase.

Se despidieron con un beso en la mejilla y una sonrisa en los labios. Su padre era un hombre muy dulce, algo tosco así de primeras, pero Kat sabía que era un hombre cariñoso que necesitaba de esas pequeñas muestras de afecto. Le deseó un buen día y salió a paso ligero, sus amigas la esperaban justo en la puerta de entrada del instituto. Kat no podía evitar fijarse en que las miradas se tornaban hacia ella. Deseó haberse puesto hoy unos vaqueros, pero ya era demasiado tarde, ahora tenía que asumir su impulso imprudente durante todo el día, ni más, ni menos.

—¡Kathy! —gritó efusiva Lynn, nada más verla, mientras agitaba uno de sus brazos llamando su atención.

—¡Chica, estás guapísima! —exclamó Robin, la otra en discordia.

—¿Seguro? ¿No me hace gordísima esta falda?

Las dos se miraron con absoluto asombro ante las palabras de Katherine, como si estuviera hablando de alienígenas. 

—Qué dices, si estás impresionante, déjate de tonterías. Todos te miran y es porque estás guapa.

Katherine se ruborizó un poco, confiaba en sus amigas y sabía que si le decían eso, es porque realmente lo pensaban. ¿En serio no la miraba nadie con asco o vergüenza ajena? Se dijo mentalmente a sí misma que tenía que vestirse más así, como a ella le gustaba y no con ropas tan anchas y oscuras.

—Gracias chicas, me subís la moral. Hoy al salir me voy con mi padre, es el cumpleaños de mi madre.

No hizo falta más para que las otras dos entendieran a lo que se refería Kat. La tomaron del brazo y entraron las tres como todas las mañanas por las puertas del instituto, dispuestas a pasar un día más en aquella jungla llena de adolescentes con las hormonas alteradas y un afán de destacar por encima de los demás que hacía de aquello una tortura para algunos.

Hola de nuevo. Comenzamos con esta historia totalmente diferente a la anterior.  Ha sido un tiempo de cierre y cambios, pero vuelvo a tope y espero nos acopañemos en esta nueva aventura...

Estoy espectante por leer sus comentarios!

Espero les guste mucho. Besitos y saludos :-*

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