Mundo ficciónIniciar sesiónLe pregunté a mi novio por su infidelidad, pero ocurrió un accidente de coche y resulté gravemente herida mientras él yacía en los brazos de su amante. Rompí con él sin dudarlo y tuve una aventura de una noche con un desconocido mayor, solo para descubrir que era mi futuro suegro. Y mi despreciable exnovio seguía intentando aprovecharse de mí. Gracias… pero no gracias, porque ahora ¡mi mayor apoyo es tu padre!
Leer másMarisol entró al departamento, le temblaban ligeramente las yemas de los dedos, pero mantenía la espalda recta.
Conocía el número de la cerradura electrónica de memoria, porque ese lugar se suponía que iba a ser su hogar. Ahí viviría con Gael después de la boda, ahí construirían una vida juntos.
Mañana era el día de su boda, debía ser el día más feliz de su vida… o al menos eso había creído durante meses.
Pero algo dentro de ella estaba roto desde hacía días.
El rastro de un perfume ajeno en el cuello de Gael y sus excusas constantes para salir de noche le habían dejado un sabor amargo que no podía ignorar.
Tenía un presentimiento. No, era más que eso: era una certeza que necesitaba una prueba física.
Se detuvo frente a la puerta del dormitorio. No quería ver, pero necesitaba saber.
Respiró hondo y giró lentamente la perilla.
La puerta cedió sin resistencia.
Adentro, todo estaba exactamente como lo recordaba: ordenado, elegante, pulcro… excepto por un sonido que no pertenecía a ese lugar.
Un sonido, íntimo. Gemidos. Respiraciones agitadas. Susurros que se clavaron en su pecho como agujas heladas.
Marisol sintió cómo el piso se movía bajo sus pies. Su corazón latió con fuerza.
Su garganta se cerró y, aun así, no pudo gritar, Ni pudo huir.
La soledad emocional de las últimas semanas cobró sentido: Gael ya no la miraba igual, ya no la llamaba igual.
Creyó que eran nervios preboda.
Pero resultó que no: su prometido la había traicionado.
Sacó su teléfono con manos temblorosas y activó la cámara mientras caminaba hacia la habitación con la misma lentitud.
Empujó la puerta apenas un poco.
Ahí estaban.
Gael encima de una mujer, moviéndose con desesperación.
La habitación estaba llena del olor del sexo, del sonido de piel contra piel, de jadeos que parecían burlarse de ella.
Marisol levantó el teléfono y grabó. Su respiración se volvió un hilo frágil. Su visión se nubló por segundos, pero continuó.
La mujer debajo de Gael giró la cara. En ese momento, el espejo que estaba al lado de la cama mostró su rostro con total claridad. Hizo zoom y se quedó sin aliento.
Jenny.
No una desconocida. No una aventura pasajera. Ni un error.
¡Su hermanastra!
La misma que había ocupado los espacios de su vida durante años, arrancándole poco a poco todo lo que ella amaba.
La hija de la mujer que había destruido el matrimonio de sus padres. La mimada y caprichosa que siempre había sabido cómo manipular a todos.
Y ahora, Jenny tenía a Gael, su futuro cuñado.
Y la traicionaban un día antes de su boda.
Marisol sintió un asco tan profundo que le dieron ganas de vomitar. El teléfono le tembló en las manos y la imagen se sacudió por un segundo, pero ella apretó el agarre.
Tenía que grabar. Necesitaba que todos vieran la basura que eran.
Los gemidos se intensificaron. Jenny arqueó la espalda, soltó un grito ahogado.
Terminó.
—No te cases, Gael —susurró ella entre jadeos—. Yo te amo. Sabes que te amo. Quédate conmigo.
Gael se apartó un poco, respirando agitado. Se pasó las manos por el cabello, molesto.
—¡Maldita sea, Jenny! Ya hablamos de esto. Lo nuestro es solo placer, solo sexo. Yo amo a Marisol. Ella será mi esposa. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo?
Las palabras le dolieron más que la escena misma.
Le decía amor a ella, pero se perdía en el cuerpo de otra.
¿Solo sexo?
¡Qué ridículo!
Marisol por fin lo entendió, Gael era solo un traidor y un cobarde.
Sintió que el corazón se le desgarraba, pero las lágrimas ya corrían por sus mejillas y caían al suelo.
Marisol se volvió, alzó la barbilla y se secó las lágrimas con el dorso de la mano, de abajo hacia arriba. Solo la terquedad permanecía en sus ojos.
No iba a darles el gusto de verla destrozada. No iba a enfrentarlos ahí mismo. No iba a suplicar explicaciones ni permitir que ellos la manipularan.
“No voy a llorar ante ustedes” pensó para sí misma.
“No voy a darles ese poder. Me las van a pagar”
Se giró con una calma helada y salió de la habitación.
Unos segundos después, desde el umbral, explotó un chasquido fuerte y agudo.
Capítulo 4: Fiesta con giro inesperadoDespués de eso Santiago no regresó al hospital, pero bueno… ya se lo esperaba.Tras una semana más, recibió el alta y Rita fue a buscarla para ayudarla a regresar a casa.Carolina estaba agradecida con su amiga por haber cuidado su casa esos días y ayudarle con la renta.Por un momento pensó que se quedaría en la calle, pero por suerte el día que despertó les pidió ayuda a sus amigos.Rita corrió a ver al dueño para explicarle la situación, mientras que Jorge fue al banco para sacar el dinero para pagar la renta junto con la penalización correspondiente.Por suerte, el dueño fue considerado y entendió las circunstancias, por lo que no les cobró el cargo de la penalización.- Y llegamos a casa – declaró Rita abriendo la puerta.- Gracias.- De nada amiga, ahora debes recordar seguir todas las indicaciones médicas al pie de la letra para que te recuperes pronto – comentó la pelirroja pasando a la cocina para sacar un poco de jugo – por cierto, con
Capítulo 3: Último Uso- Que quede estéril por salvarte – fue la declaración que se reprodujo en eco en su cabeza.Por un momento, Santiago no sabía si reír o llorar.Era divertido porque era el castigo que esa mujer merecía por cuestionarlo y dudar de su amor… pero también quería llorar porque esa idiota grito su problema, cuando él no estaba solo en esos momentos.El plan de tener una tarde de sexo con Victoria se fue al carajo, porque a sus abuelos se les ocurrió ir a ver a Carolina, por lo que le toco llevarlos.Pero ahora… se arrepentía de haberles contestado esa llamada.- ¿A qué se refiere con que fue salvarlo? – preguntó el mayor frunciendo el ceño, dejando notar su presencia.- Espera a… Abuelo no es lo que usted cree… - se apresuró a decir el rubio.- Santiago ¿Qué hiciste? – preguntó la anciana.- Y ustedes… ¿Quiénes son? – preguntó el amigo de Carolina.- Ellos son los abuelos de Santiago – indicó Carolina secando sus lágrimas.- Oye imbécil, supondré que tú eras el que es
Capítulo 2: De mal en peor- PERRA MALDITA – gritó Santiago golpeando fuertemente el volante de su auto.Odiaba ser cuestionado y esa idiota se atrevió a decirle mentiroso en su cara.OBVIAMENTE QUE LA USÓ COMO ESCUDO HUMANO.Es decir, era su novia… por lo tanto era de su propiedad y podía usarla como deseaba, para eso sirve una mujer como ella.- Tch… Carolina, bruja… ¿Quién crees que eres? Es un honor que yo te haya pedido ser novios y ahora me cuestionas todo… ¡AH! – sus quejas nuevamente fueron acompañados por golpes al volante y al claxon.Ante las preguntas de Carolina estuvo a punto de perder la compostura y gritarle porque odiaba esa mirada arrogante y desafiante que tenía en esos momentos… se supone es una idiota enamorada y debe aceptar todas sus palabras como ley, pero parece que ese accidente le reseteo el cerebro.¿En qué momento se le estaba saliendo de control su peón?- No… ah… calma Santiago, estás tan cerca del puesto del CEO y heredar el gran Grupo Roux y convertirt
Capítulo 1: Cobarde- ¿Y ahora por qué esa cara? – se quejó un hombre rubio mientras manejaba, aunque su atención no estaba en el camino sino en su pareja.Una joven pelinegra, quien tenía una mueca dibujada en los labios y estaba con los brazos cruzados.- No lo sé, tú dime ¿debo saber algo? – le preguntó empleando un tono sarcástico en su voz sin mirar a verlo a los ojos.- Tch… sabes que odio que te pongas en ese plan de loca histérica.- … - la joven sonrió con amargura – es gracioso cómo buscas culparme de tus errores.- Ah… sabes ya me tienes harta, no me hables de esa forma intrigante y dímelo directamente – se quejó apretando con fuerza el volante.- Hotel Plaza, habitación 43, Victoria Jones – dijo ella ahora mirándolo a los ojos.- … - ahora fue el turno del rubio de quedarse en silencio – Es… espera Carolina, no es lo que…Quiso explicar o justificarse, pero las palabras se le atoraron en la garganta por culpa del sonido de un claxon seguido de una luz cegadora.Acto seguid
Último capítulo