La puerta de la mansión Sinisterra se cerró suavemente tras ella. Allison dejó su bolso en la consola de la entrada y se quitó los tacones con un suspiro agotado. El silencio de la casa era pesado, casi sofocante, como si algo invisible flotara en el aire. Dio unos pasos y sintió el ambiente denso, cargado de tensión. Entonces lo escuchó.
—¡¿Dónde demonios estabas?! —rugió la voz grave de su padre desde el salón principal.
Allison se quedó quieta por un segundo. Su pulso se aceleró, pero no por