Alanna soltó el brazo de Leonardo con elegancia y caminó hasta el centro del salón, donde Allison aún sostenía con fuerza los documentos como si fueran un trofeo. La expresión en el rostro de Alanna era serena, demasiado serena… peligrosa.
—Qué conmovedora escena, Allison —empezó, con voz pausada pero firme—. Realmente te luciste. Una revelación digna de una telenovela barata. Pero ¿sabes qué es lo verdaderamente trágico aquí?
Se detuvo frente a ella. Todos la observaban, expectantes, tensos, c