El primer rayo de sol se coló por las cortinas pesadas de la habitación, pintando la estancia de tonos cálidos y suaves.
La luz acarició el rostro de Alanna, quien, tras un ligero movimiento, abrió los ojos lentamente.
Por un momento, se quedó inmóvil, observando el techo y respirando la paz que llenaba la habitación.
A su lado, Leonardo dormía profundamente, su rostro sereno, ajeno aún a la nueva decisión que ella había tomado.
Una sonrisa traviesa se dibujó en los labios de Alanna. Con mucho