La puerta de la oficina aún no se había cerrado tras ellos, cuando el asistente personal de Leonardo, se acercó rápidamente.
—Señor Salvatore, la reunión para revisar el estado de los fondos desviados comenzará en diez minutos. La sala de conferencias principal está lista —anunció en un tono respetuoso.
Leonardo asintió sin detener su paso.
—Gracias. —Luego miró a Alanna, ofreciéndole su brazo con un gesto galante—. ¿Vienes conmigo?
Alanna sonrió levemente y, tomando su brazo, asintió.
Ella no