Lucia
Nos quedamos un instante así, inmóviles, el aliento compartido, como si el tiempo hubiera suspendido su curso a nuestro alrededor. Me siento aún ardiente de la ducha, pero una calidez más suave se instala ahora, la que nace de su proximidad, de esa mezcla de paciencia y tensión contenida.
— Lucia… murmura él acariciando suavemente mi rostro.
Levanto la vista hacia él, y su sonrisa es a la vez tierna y misteriosa. Me atrae suavemente hacia él, y sus labios encuentran los míos en un beso lento, profundo, que me envuelve como una promesa silenciosa. Cada contacto me hace estremecer, cada aliento contra mi piel me vuelve más vulnerable y, a la vez, más deseosa de él.
— Quiero que entiendas algo… susurra él contra mi boca.
Me estremezco, incapaz de despegar la mirada de la suya.
— Cuando duermes… todo puede suceder.
Estas palabras me producen un escalofrío eléctrico. Juega conmigo, suavemente, pero su seriedad atraviesa el murmullo. Coloca un mechón de cabello detrás de mi oreja, su