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Capítulo 51 — El calor suspendido

Lucia

Finalmente cierro el chorro de agua, y el silencio que sigue parece ensordecedor tras el martilleo regular de la ducha. El aire está cargado de vapor, saturado de calor, y mis piernas aún tiemblan, como si el suelo se moviera bajo mí. No sé si es el suelo resbaladizo o él.

Extiendo una mano para agarrar mi toalla, pero mis dedos son vacilantes. Necesito algo para cubrirme, no solo mi piel, sino lo que él acaba de ver, lo que acaba de provocar. Sin embargo, antes de que pueda agarrar algo, se acerca, su sonrisa calma y desarmante, una mano cálida en mi muñeca.

— No es necesario, murmura.

Su voz es baja, casi tierna, pero teñida de ese calma autoritaria que me hace estremecer más que cualquier caricia. Toma la toalla y la deja a un lado, como si fuera un detalle superfluo.

— Déjame hacer, sopla.

Siento sus manos deslizarse sobre mis brazos aún húmedos, subiendo lentamente por mis hombros. No tiene prisa, no me da tiempo para pensar. Cierro los ojos un instante, pero mi corazón lat
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