211.

La tarde comenzó a caer y yo no pude evitar sentirme culpable por todo lo que estaba pasando. Yo era la portadora de hielo, tenía mis poderes, era más fuerte que nunca. Con mi loba, podría destruir el ejército… pero ¿podría hacerlo realmente? La verdad, Ismael no me dejó siquiera intentarlo. Simplemente me abrazó con fuerza, desnudos en la cueva, esperando a que llegara la noche para poder escapar.

Los helicópteros volaron por sobre nuestras cabezas una y otra vez. Cada vez llegaban más humanos
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