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Corrimos agazapados por la pequeña pendiente. Nuestros lobos eran muy grandes, pero de todas formas logramos escabullirnos a través de las pequeñas colinas que hacían baches en la planicie del valle. Ángel nos guiaba poco a poco hacia el lugar en el que estaban, lo suficientemente alejado de los helicópteros y los reflectores, y unos 5 o 10 minutos después, con mi visión mejorada en la noche gracias a mi loba, pude verlos a lo lejos.
Salí corriendo hacia ellos, Ismael detrás de mí. No pude evit