Molesto por sus respuestas evasivas y desafiantes, Viktor la tomó con fiereza, arrastrado por una furia contenida que apenas podía controlar. Sus dedos se cerraron en torno a sus brazos con autoridad, y sin darle oportunidad de apartarse, atacó su boca en un beso agresivo, sin ternura ni dulzura, un reclamo de poder y deseo. El cristal empañado de las ventanas de la camioneta tembló levemente cuando sus cuerpos se encontraron. Afuera, la noche envolvía el vehículo como una bestia acechante; ade