Al día siguiente, la mañana llegó fría, sombría, como si el cielo supiera lo que se avecinaba. Alina se encontraba sentada en una pequeña mesa, mirando por la ventana mientras la luz débil de la mañana iluminaba la tienda de artículos para bailarinas que había comenzado con tanto esfuerzo. Aquel espacio había sido su refugio, el último vestigio de un sueño que se había ido desvaneciendo en las sombras de su realidad. Pero hoy, algo era diferente. Viktor había regresado a su vida, y con él, todo