Después de ese encuentro tan intenso, la relación entre Alina y Viktor se tornó, por llamarlo de algún modo, más llevadera. No porque hubiera cariño, ni comprensión, ni siquiera una tregua verbal. No. Lo único que parecía funcionar entre ellos, lo único que les otorgaba cierta armonía, o al menos un respiro de las tensiones subyacentes, era el espacio compartido donde el deseo se desbordaba sin pedir permiso.
Era en los rincones oscuros, en habitaciones cerradas, sobre superficies frías o sában