Al principio fue solo un murmullo. Una voz escapando por los ladrillos agrietados de Villa Carranza, como una corriente de aire tibio en medio del crudo invierno.
“Roque está muerto.”
“Lo mató el chico… Santi.”
En Danma City, donde el miedo había secado las gargantas durante años, las palabras eran piedras lanzadas al agua estancada. Y cada piedra creaba ondas. Primero pequeñas. Luego más grandes. Hasta que la ciudad entera comenzó a vibrar.
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En un edificio derrumbado del sector norte,